¿Cómo dejar de procrastinar en el estudio?

¿Cómo dejar de procrastinar en el estudio?
Photo by Wulan Sari / Unsplash

Procrastinar cuando estudiás no es solo una cuestión de organización o falta de voluntad. Suele haber algo más detrás de esa dificultad para empezar, concentrarse o sostener el ritmo de estudio. Muchas veces, aparecen emociones como ansiedad, inseguridad, frustración o incluso agotamiento mental que interfieren sin que nos demos cuenta.

También puede pasar que tengas tanto para hacer, que no sepas ni por dónde arrancar. Y frente a eso, el cuerpo y la mente eligen postergar como una forma de defensa. Pero con el tiempo, esto genera más estrés, culpa y baja autoestima.

El desafío está en encontrar herramientas que ayuden a ordenarte, enfocarte y que recuperes la motivación.

¿Por qué procrastino?

Procrastinar puede ser una señal de que algo no está funcionando del todo bien. Algunas de las causas más comunes incluyen:

  • Miedo a equivocarse o no rendir lo suficiente
  • Falta de motivación o conexión con la materia o incluso la carrera
  • Perfeccionismo que lleva a la parálisis
  • Cansancio acumulado
  • Dificultad para sostener la atención
  • Desorganización del tiempo o del entorno

En muchos casos, el problema no es “falta de ganas”, sino un bloqueo emocional o una dificultad para gestionar lo que esa tarea representa.

Para saber más mira el episodio de nuestro podcast sobre la procrastinación!

Tipos de procrastinación

No todas las personas procrastinan por los mismos motivos. Conocer tu tipo puede ayudarte a encontrar una estrategia más efectiva:

  • Procrastinador evitativo: teme el fracaso o la desaprobación, por eso evita comenzar.
  • Procrastinador perfeccionista: retrasa la tarea hasta sentir que todo está “bajo control” o que puede hacerlo de manera impecable.
  • Procrastinador buscador de emociones: necesita la adrenalina de trabajar al límite del tiempo.
  • Procrastinador indeciso: posterga porque le cuesta decidir cómo o por dónde empezar.
  • Procrastinador impulsivo: se distrae fácilmente y tiene dificultad para sostener la atención.

Identificar tu tipo de procrastinación es el primer paso para diseñar una estrategia que se adapte a vos.

Estrategias prácticas para dejar de procrastinar

Para dejar de procrastinar, necesitamos herramientas realistas, sostenibles y que puedan adaptarse a diferentes ritmos. 

1. Empezá de a poco:

Muchas veces el problema es arrancar.  Si te proponés estudiar tres horas seguidas, el cerebro se resiste porque no está habituado, y eso genera frustración. En cambio, si te proponés solo 10 o 15 minutos, la barrera de entrada baja y es más fácil empezar. 

2. Técnica Pomodoro:

Estudiar 25 minutos y descansar 5 (o adaptar los tiempos según lo que funcione para vos) es una de las formas más recomendadas para mantener la atención sin agotarse.

4. Eliminá distracciones visuales y digitales:

Tener el celular a mano o estudiar en espacios desordenados aumenta la probabilidad de dispersión. Apagar notificaciones, usar bloqueadores de apps o elegir un lugar tranquilo puede marcar la diferencia.

5. Conectá con el para qué estás estudiando:

En lugar de pensar en lo tedioso del estudio, enfocate en lo que ese esfuerzo traerá: aprobar un examen, avanzar en la materia, sentirse orgulloso de uno mismo.

6. Técnica SMART: objetivos claros y alcanzables

Una de las razones por las que procrastinamos es porque las metas son demasiado grandes o poco claras. La técnica SMART te ayuda a definir objetivos específicos, medibles, alcanzables, relevantes y con límite de tiempo.

  • Específico: ¿Qué vas a hacer exactamente? Ejemplo: “Leer el primer capítulo del libro de psicología”.
  • Medible: ¿Cómo vas a saber que lo lograste? Ejemplo: “Tomar apuntes de los primeros tres subtemas”.
  • Alcanzable: ¿Es realista hacerlo en el tiempo disponible?
  • Relevante: ¿Por qué es importante para vos hacerlo ahora?
  • Temporal: ¿Cuándo lo vas a hacer y cuánto tiempo te llevará?

Dividir las metas bajo este formato hace que el estudio deje de ser una carga abstracta y se convierta en pasos concretos que podés cumplir.

7. Autocompasión:

El diálogo interno también influye, evitá las frases del tipo “soy un mediocre”, “no sirvo para nada”. Hablate con más amabilidad, como lo harías con un amigo.Hablate con amabilidad, como lo harías con un amigo. Reconocé tus logros, incluso los pequeños. La exigencia extrema no mejora el rendimiento; lo paraliza.

8. Balanceá tu rutina:

No todo puede ser estudio. Agendá pausas, momentos de disfrute, caminatas, charlas. Estudiar no tiene por qué ser un castigo.

¿Y si no se trata solo de procrastinar?

Cuando la postergación es constante, incluso frente a cosas simples o conocidas, puede ser señal de que hay otros factores en juego. Por ejemplo:

  • Problemas para mantener la atención por períodos prolongados
  • Sensación de que la mente “salta” de una cosa a otra sin parar
  • Dificultad para organizarse o priorizar tareas
  • Desgano, inquietud o frustración al sentarse a estudiar
  • Impulsividad para dejar el estudio ante cualquier distracción

Estas señales pueden estar asociadas a dificultades de atención, ansiedad o un nivel de exigencia muy alto. Entender qué está pasando y trabajar sobre eso puede cambiar por completo la experiencia de estudio.

¿Querés trabajar la procrastinación en terapia?

Si sentís que postergás el estudio casi todos los días, que te cuesta mantener el foco o que cualquier cosa parece más fácil que sentarte a estudiar, es posible que necesites algo más que técnicas de organización.

En terapia podés identificar qué te está trabando, ordenar tus ideas, bajar el nivel de exigencia y construir herramientas reales para avanzar sin tanta carga emocional.

Un acompañamiento personalizado puede ayudarte a recuperar la calma, mejorar la atención y reconectar con tus objetivos.

Empezá tu proceso en Punto de Acuerdo.

Magister en terapias de tercera generación Cannizzaro Macarena MP 12441.

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