¿Cuáles son las consecuencias de a sobreprotección e el desarrollo de un niño?
La sobreprotección suele presentarse bajo una apariencia de cuidado. Sin embargo, muchas veces, detrás de ese “te cuido porque te quiero” se esconde algo mucho más complejo: miedo, dependencia emocional y dificultad para tolerar la autonomía del otro.
Desde la psicología del self, Heinz Kohut plantea que el ser humano necesita de selfobjects: personas significativas —padres, cuidadores, figuras de apego— que actúan como extensiones del self durante el desarrollo. Es decir, son figuras que nos reflejan, nos sostienen y nos permiten ir construyendo una imagen coherente y segura de quiénes somos.
Cuando los padres no pueden cumplir esa función
Cuando esas funciones fallan —ya sea por ausencia, frialdad, invasión o sobreprotección—, el self del niño queda fragmentado o empobrecido. Kohut lo denomina herida narcisista: una carencia profunda de sostén afectivo, no una expresión de vanidad. No se trata de un exceso de amor, sino de una forma de amor que no deja espacio para el crecimiento.
En la sobreprotección, el hijo no se siente realmente cuidado: se siente retenido. No hay espacio para que explore, se equivoque o se diferencie. Y cuando intenta hacerlo, muchas veces aparece la culpa inducida:
“Si te vas, me dejas sola.”
“¿Qué voy a hacer sin vos?”
“No podés irte justo hoy, que es el Día de la Madre.”
Frases como estas depositan sobre el hijo una responsabilidad emocional que no le corresponde. Lo que debería ser una relación de sostén se convierte en un vínculo de deuda afectiva.
Las consecuencias de la sobreprotección a los hijos
El hijo sobreprotegido crece con la idea de que su libertad puede dañar a quienes ama. Y esa creencia lo acompaña incluso en la adultez, en vínculos de pareja, laborales o amistosos.
Las marcas psíquicas más frecuentes son:
- Dificultad para tomar decisiones sin sentir culpa;
- Miedo al conflicto o a decepcionar;
- Tendencia a priorizar las necesidades ajenas;
- Dificultad para separarse emocionalmente de los padres o parejas;
- Sensación de inseguridad ante la independencia.
Es decir, la sobreprotección genera dependencia, no seguridad. El hijo se vuelve un espejo de las necesidades del otro, buscando validación externa, aprobación constante o idealizando figuras de autoridad que sustituyan al padre o la madre.
Lo que hay detrás del “te cuido demasiado”
Kohut nos ayuda a entender que detrás de la sobreprotección hay una forma de fragilidad no elaborada. El adulto que sobreprotege proyecta sus propios miedos, heridas y vacíos en el hijo. No lo cuida para protegerlo, sino para no sentirse abandonado. De este modo, el hijo no crece como sujeto autónomo, sino como una extensión del self parental.
Sanar este tipo de herida no implica rechazar a los padres, sino reconocer qué función emocional cumplieron y cuáles no. El proceso terapéutico consiste en poder reconstruir esas funciones internas: aprender a validarse, a sostenerse, a confiar en sí mismo sin el reflejo de otro.
¿Querés trabajar la sobreprotección en terapia familiar?
Si sentís que te cuesta soltar a tus hijos, que tu necesidad de protegerlos termina limitando su independencia o que muchas decisiones familiares están atravesadas por la culpa o el miedo, puede ser momento de pedir acompañamiento profesional.
En terapia familiar podés comprender de dónde viene esa necesidad de control, mejorar la comunicación con tus hijos y construir vínculos más seguros y equilibrados.
Un espacio terapéutico puede ayudarte a fortalecer la confianza, fomentar la autonomía de cada integrante y crear un ambiente emocional más sano en el hogar.
Empezá tu proceso en Punto de Acuerdo.
Magister en terapias de tercera generación Cannizzaro Macarena MP 12441.