¿Cuál es el rol del padre en la familia?
El rol del padre: sostener a la madre, dar equilibrio y favorecer el desarrollo del bebé
La llegada de un hijo transforma todo: las rutinas, el sueño, las emociones y la vida cotidiana. En medio de ese cambio, muchos padres primerizos se sienten desorientados o poco necesarios. Piensan que la conexión inicial es “algo entre la madre y el bebé”, o que su papel empieza más adelante, cuando el niño ya “entienda”. Sin embargo, la psicología del desarrollo y la neurociencia afectiva han demostrado que la presencia del padre es crucial desde el nacimiento. Su implicación temprana tiene efectos directos en el bienestar emocional de la madre, en la seguridad del bebé y en su desarrollo cognitivo y neurológico a largo plazo.
1. El sostén emocional del ambiente: cómo el padre equilibra el sistema familiar
El pediatra y psicoanalista Donald Winnicott describió que un bebé solo puede desarrollarse plenamente si cuenta con un “ambiente suficientemente bueno”. Ese ambiente no se limita a la madre, sino que depende también del padre como figura de sostén del entorno emocional.
Durante los primeros meses, la madre atraviesa una etapa de intensa sensibilidad psíquica (lo que Winnicott llamó preocupación maternal primaria). Para que ella pueda ofrecer esa disponibilidad emocional al bebé sin agotarse o desbordarse, necesita sentirse contenida por otro adulto confiable. El padre cumple esa función: regula, organiza y protege el espacio donde se da el vínculo madre-bebé. Su estabilidad emocional, su presencia y su capacidad para cuidar a quien cuida generan un marco de seguridad afectiva. Cuando ese marco está presente, la madre puede conectarse con el bebé sin miedo ni exceso de tensión; cuando falta, todo el sistema familiar se desequilibra.
2. Ser sostén no es ser héroe: es estar disponible y emocionalmente presente
Sostener no significa “salvar” ni “hacerlo todo”. En términos psicológicos, ser sostén implica ofrecer una base segura desde la cual la madre y el bebé puedan funcionar con confianza. Estar disponible no es solo estar físicamente: es estar emocionalmente accesible, capaz de percibir las necesidades del otro y responder de manera sensible y estable.
El padre que se muestra disponible —que escucha, regula, participa, pone límites y también se deja afectar— contribuye a crear un ambiente predictible y coherente. Esto reduce el estrés materno y favorece la autorregulación del bebé. En la práctica, significa: cuidar los tiempos, compartir tareas, evitar la indiferencia, y estar atento a cómo se siente la madre, no solo a lo que necesita hacer el bebé.
3. Cuando el padre se implica, el bebé gana: evidencia científica
El psicólogo John Bowlby, creador de la teoría del apego, demostró que el vínculo con las figuras de apego —madre, padre u otros cuidadores estables— es la base del desarrollo emocional y social. Estudios posteriores (Parke, 2002; Lamb, 2010) confirman que los bebés cuyos padres están afectiva y físicamente involucrados presentan múltiples beneficios:
- Mayor seguridad emocional: los bebés de padres presentes tienden a mostrar un apego más seguro, es decir, confían en que sus necesidades serán atendidas de manera consistente.
- Mejor desarrollo cognitivo: la interacción paterna —a menudo más estimulante y exploratoria— favorece el aprendizaje, la curiosidad y la resolución de problemas.
- Regulación emocional más sólida: según Allan Schore, la participación activa del padre ayuda a moldear los circuitos cerebrales del hemisferio derecho, responsables de la autorregulación y del manejo del estrés.
- Mayor tolerancia a la frustración y empatía: las rutinas de juego con el padre suelen implicar desafíos físicos o emocionales seguros, lo que enseña al bebé a equilibrar excitación y calma.
La implicación paterna no es solo un “plus” emocional: tiene un efecto neurobiológico comprobado en la formación del cerebro social del niño.
4. La madre también necesita un adulto, no un asistente
La madre no necesita un ayudante; necesita un adulto disponible emocionalmente. El padre cumple un rol regulador cuando puede ofrecer contención, tomar decisiones compartidas y sostener emocionalmente al grupo familiar. Su función no es reemplazar a la madre, sino complementarla: mientras la madre facilita la conexión afectiva primaria, el padre ayuda a que esa conexión tenga un marco de estabilidad y continuidad.
La salud emocional del bebé depende tanto de las respuestas sensibles de la madre como de la coherencia y previsibilidad del entorno que el padre contribuye a sostener.
5. La ausencia también deja huella
La ausencia afectiva del padre —incluso si vive en el mismo hogar— se traduce en una carencia de contención simbólica. Los niños que crecen sin una figura paterna disponible suelen presentar mayor vulnerabilidad emocional, dificultades en la regulación afectiva y menor confianza en sí mismos. No se trata de culpar, sino de reconocer la importancia de estar presentes de manera consciente y constante. La relación con el hijo no se construye con grandes gestos, sino con la repetición cotidiana de encuentros auténticos.
Conclusión: el equilibrio se construye entre tres
El desarrollo emocional de un niño se apoya en un triángulo: madre, padre y bebé. Cuando el padre sostiene a la madre y al entorno, ella puede cuidar con mayor calma; y cuando ambos adultos se sienten sostenidos, el bebé crece en un ambiente coherente y predecible. La paternidad no es solo un rol social, es una función psicológica y biológica esencial para el desarrollo humano. Ser un padre presente no requiere heroísmo, sino constancia, sensibilidad y compromiso emocional.