Terapia de pareja: mitos y verdades
Es muy común que quienes solicitan una consulta terapéutica de pareja lo hagan buscando resolver un conflicto que suele resultar grave para el vínculo. Empujados por una situación que lo expuso y dejó una herida que necesita sanar, iniciar terapia en estas instancias implica trabajar a “corazón abierto”. Es necesario considerar la delicadeza que requiere el trabajo con parejas.
También suele ocurrir que una de las partes esté negada a la idea y asista “obligadx” por el otro, bajo la presión de una posible separación si no concurre. La terapia de pareja está rodeada de mitos y supuestos que alejan a las personas de la posibilidad de analizar un vínculo que muchas veces está lleno de puertas que se cierran o que, en ocasiones, tememos abrir.
La realidad es que la terapia de pareja no es solo para relaciones “rotas”, sino también para aquellas que buscan comprenderse mejor y construir vínculos más saludables. Para empezar a derribar algunos prejuicios, vale la pena revisar los mitos más comunes y lo que realmente ocurre en un proceso terapéutico de pareja.
Mito: la terapia de pareja es el último recurso antes de separarse
Es cierto que se considera en muchos casos el último recurso. Tambien dentro del analisis es un signo para el terapeuta llevar al limite un vinculo para luego buscar ayuda. Es comun que alguien este en el limite de su salud como para ir al medico. El hecho de exprimir hasta las ultimas instancia las oportuindades para trabajar lo que sucede y llegar a la terapia con una pareja lastimada, nos empuja a revisar este mito y evaluar ¿ Qué hace que una pareja utilice la ultima insntancia un espacio de salud para mejorar una relacion? Estamos acostumbrados tambien a interpretar salud con el cuerpo, pero no necesariamente salud con la mente y mucho menos con las emociones. Lo cierto es que aquellos que logran usar es el espacio terapeutico de forma preventiva logran resultados mas eficaces y en menor duración. Imagenense un cirujano teniendo que operar una herida recien hecha, en lugar de aquel que tiene que operar una herida que se dejo estar por semanas.
Muchas parejas comienzan terapia cuando detectan discusiones repetitivas, dificultades para comunicarse o momentos de distanciamiento emocional. Trabajar esos temas a tiempo puede evitar que el conflicto se profundice.
Mito: el terapeuta decide quién tiene razón
Quizas sea el temor de aquellos que en una discusion buscan la razon, creyendo que algo con eso se puede hacer. Pues, de los primeros puntos que va quedando en claro dentro de la terapia es que la razon la pueden tener ambos. Poco interesa quien tiene la razon. De hecho, no se trabaja desde la razon, porque suele estar cargado de sensaciones de omnipotencia y orgullo. La razon omnibula poder ver que le pasa al otro. La cara oscura de la razon es perder la escucha y la comunicacion clara. Un terapueta de experiencia no busca ni quiere tener razón. Pero es cierto que las parejas que en la discusion buscan tener la razon, es parte de un dato clave para comprender como se sostiene el conflicto en el vinculo y la predisposicion al debate constante que esto acarrea. No sera el terapeuta que decide quien tiene razon, sino el que organice y ayude a pensar por donde esta transitando la pareja para seguir incado en el conflicto. Porque aquel que quiera tener razon ¿ Quiere estar en calma con el otro?
Verdad: muchos conflictos se repiten porque no se entienden
Hay algo que deteriora cada vez más a una pareja, generando desgaste y una mala predisposición para entender al otro. Las discusiones por temas cotidianos, propios de la rutina, como por ejemplo: “Yo siento que cargo con todos los gastos y vos no lo ves.”, “Siempre estás con el celular o trabajando.”, “Yo hago todo en la casa y vos no ayudás.”, “Me incomoda cómo te relacionás con otras personas.”, lastiman la empatía, la seguridad y la confianza con las que se va construyendo el vínculo a lo largo del tiempo.
Lo que fui percibiendo en el ámbito terapéutico es que la gran mayoría de las parejas que discuten por lo cotidiano reaccionan de forma intensificada, como si lo que estuviera en juego fuera de vida o muerte. Entonces, he llegado a la conclusión de que pelearse por lo cotidiano es, en realidad, pelearse por lo importante. Detrás de esas discusiones, cada persona está expresando un dolor más profundo e intenso, que muchas veces no corresponde directamente al motivo aparente de la pelea.
Cuando una pareja discute por: “No respondés mis mensajes nunca y al resto sí.”, en realidad está diciendo: “No siento que sea importante para vos, y eso me duele.” Las parejas que logran visibilizar ese dolor que queda camuflado en lo cotidiano consiguen desanudar el malestar latente.
Mito: si vamos a terapia significa que fracasamos
De los mitos más verbalizados por quienes suelen ser empujados a la terapia, aparece con frecuencia la idea de que ir al psicólogo implica “no pude solo, necesité ayuda y fracasé”. Es cierto que quienes logran sostener algunas sesiones suelen cambiar de parecer en poco tiempo. Sin embargo, quienes se aferran a este mito suelen sufrir mucho. Se asocia pedir ayuda con un signo de debilidad, como sinónimo de pérdida de autonomía e independencia. También puede ser una forma de rigidez: no querer escuchar qué pueden decirnos de nuevo o, incluso, una posición omnipotente que se expresa en la pregunta: “¿Qué me van a decir a mí que no sepa?”. La buena noticia es que, de todas las parejas que he atendido a lo largo de mi experiencia, quienes pensaban de esta manera, al continuar en un espacio de terapia individual, pudieron resignificar esta idea. Descubrieron el valor de sentirse acompañados sin ser juzgados ni criticados. Si querés profundizar sobre cuándo es un buen momento para buscar ayuda, podés leer también este artículo sobre cómo saber si necesitás ayuda psicológica.
Verdad: no siempre el objetivo es “salvar la relación”
Es cierto que muchas parejas interpretan que iniciar un espacio terapéutico tiene como propósito “salvar” la relación. A veces aparece una gran angustia frente a lo que podría suceder si no se logra, como si no salvarla implicara la muerte del vínculo. Sin embargo, en algunos casos, eso es justamente lo que la relación necesita: que algo de ese vínculo deje de sostenerse tal como está para dar lugar a la construcción de algo nuevo.
En ocasiones, ese proceso puede derivar en una separación, y el vínculo necesita que eso no ocurra de manera abrupta o desorganizada. Por eso, resulta valioso poder analizar en el espacio terapéutico por qué una de las partes, o el vínculo en sí mismo, se resiste a acercarse a esa posibilidad. En otros casos, se trata de una resignificación de aquello que está generando incomodidad dentro de la pareja, y la terapia funciona como un espacio que organiza esa incomodidad y le pone palabras a lo que muchas veces se vive solo como emoción.
La idea de “salvar la pareja” suele estar impulsada más por lo emocional que por una decisión pensada, conversada y elaborada. Esto se vuelve aún más relevante cuando hay hijos de por medio, especialmente en contextos donde aparecen discusiones agresivas, dinámicas conflictivas o emociones que, de forma directa o indirecta, los niños terminan presenciando y que pueden generarles preocupación.
En ese sentido, intentar sostener o “salvar” la relación a cualquier costo puede convertirse en un obstáculo para transitar el vínculo de otra manera. No necesariamente desde la separación, sino desde una nueva forma de pensarlo. Las parejas que logran abrirse a este proceso pueden recorrerlo de manera más consciente; y, en algunos casos, lo más saludable puede ser una separación que cuide el vínculo y a quienes forman parte de él.
Un espacio para repensar la relación
La terapia de pareja no busca que las discusiones desaparezcan por completo, sino que las personas puedan entenderse mejor y relacionarse de formas más saludables.
Si sentís que la comunicación con tu pareja se volvió difícil, que las discusiones se repiten o que algo en el vínculo ya no funciona como antes, hablar con un profesional puede abrir nuevas perspectivas.
Empezá tu proceso en Punto de Acuerdo.
Lic. Matías Seitune MP 22646