Cómo dejar el apego emocional: ejercicios para practicar el desapego
Reconocer el apego ansioso es el primer paso; el segundo es llevarlo a la práctica. Si ya entendés cómo se manifiesta este patrón —lo vemos en apego emocional ansioso: qué es y cómo superarlo—, en este artículo vas a encontrar tres ejercicios concretos para trabajar el desapego y empezar a soltar aquello que te condiciona.
Ejercicio 1: las piedras
A menudo no somos conscientes del peso que representan nuestros apegos. Los llevamos desde hace tanto tiempo que nos hemos acostumbrado a ese pesado fardo. Sin embargo, si de verdad quieres volar alto, debes deshacerte del peso innecesario.
«El desapego es la capacidad de hacernos nada para llegar a ser personas enteras».
Este ejercicio consiste en recopilar varias piedras de tamaño medio. Luego, con un rotulador, escribe en cada una de ellas los apegos que tienes, ya sea a personas, relaciones, hábitos, objetos… Cuando hayas terminado, reparte las piedras en tus bolsillos o ponlas en una bolsa, y cárgalas durante todo el día. Al cabo de un rato, comenzarán a pesar y se convertirán en obstáculos. En ese momento, revisa las piedras y elige una para deshacerte de ese apego. Tírala con determinación y alegría, sintiendo cómo eres cada vez más ligero.
Tirar una piedra donde esté escrito el nombre de un amigo, por ejemplo, no significa cortar con esa persona, sino con el tipo de relación que hemos desarrollado, que es lo que genera sufrimiento y dependencia. Lo más interesante del desapego es que nos permite desarrollar un estado emocional y relacional nuevo, a partir del cual podemos construir vínculos de calidad.
Por supuesto, deshacerse de un apego no es tan sencillo como tirar una piedra, pero este ejercicio te ayudará a tomar conciencia de esas dependencias negativas que has desarrollado.
Ejercicio 2: aumentar la tolerancia a la incertidumbre
Cuando nos encontramos en tiempos de incertidumbre, la mente se siente atraída hacia las preocupaciones. Al lidiar con una situación incierta, nos preguntamos “qué pasaría si…” o “es posible que…”, preguntas que solo sirven para exacerbar los aspectos negativos de una situación.
La respuesta más habitual consiste en intentar eliminar o evitar la incertidumbre, ya sea buscando reaseguros o evadiendo ciertas actividades. El problema es que incrementar el nivel de certeza no hará que te preocupes menos: esas actividades solo alivian momentáneamente la tensión. La solución radica en practicar el desapego, porque nuestra dificultad para lidiar con la incertidumbre proviene de nuestro apego a las certezas y las seguridades. Cuando aumentas tu tolerancia a la incertidumbre, aprendes a aceptar el flujo de la vida.
Un buen ejercicio consiste en recordar una situación pasada con un alto grado de incertidumbre que haya terminado bien. Recuerda las preocupaciones que rondaron tu mente, las preguntas que te planteaste y tus temores. Ahora es probable que esas preocupaciones te parezcan banales, pero en aquel momento no lo fueron. Intenta verlas con los ojos de hoy, hasta el punto de que te parezcan francamente ridículas. Cuando logras reírte de algo que te atemorizó, significa que ese miedo ya está superado. Transfiere ese sentimiento a tus preocupaciones actuales: quizá dentro de unos días o semanas también habrán quedado atrás.
El objetivo es que comprendas que tus pensamientos y preocupaciones no son permanentes, sino que cambian continuamente, al igual que tus emociones, por lo que no tiene mucho sentido aferrarte a ellos hasta el punto de que te hagan sentir mal. Ante una situación difícil, pregúntate siempre cómo tu mente está empeorando las cosas.
«La inteligencia del individuo se mide por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar».
Ejercicio 3: reconocimiento emocional
Cuando tenemos que lidiar con un apego muy intenso, debemos comenzar por reconocer y trabajar nuestros sentimientos. De hecho, son las emociones las que alimentan el apego: el miedo a la pérdida, la ansiedad por alcanzar una meta o la desesperanza cuando no logramos algo. Esas emociones no son negativas; el problema comienza cuando nos aferramos a ellas durante demasiado tiempo. Por eso es importante aprender a detectarlas, asumirlas y luego dejarlas ir.
Un ejercicio muy sencillo, para cuando te sientas mal, consiste en explorar las emociones que estás sintiendo y fijarte en su expresión corporal. No las juzgues, simplemente nótalas y luego asúmelas. Puedes decirte: “me siento enfadado y lo acepto, dejo que esa sensación se exprese”. Un estudio de la Universidad de California reveló que etiquetar las emociones sirve para reducir su impacto, porque al expresarlas con palabras se activan las zonas del cerebro relacionadas con la inhibición emocional.
A continuación, imagina que esas emociones son como nubes que desaparecen con el viento. Céntrate en cómo se van de tu horizonte. Cuando termines, te sentirás mucho mejor.
En resumen
Recuerda que todo en la vida es temporal. Si las cosas van bien, disfrútalas porque no durarán para siempre. Si van mal, no te preocupes demasiado porque tampoco durarán para siempre.
«No somos lo que hicieron de nosotros, somos lo que HACEMOS y lo que SUPERAMOS con todo eso que nos pasó».
¿Querés dar el primer paso?
Si el apego emocional te cuesta trabajarlo solo/a, puedes solicitar terapia y hacerlo acompañado por un profesional.
Lic. Gabriela Ojeda — MP 281